Elecciones 2021 Honduras: Del agravio a la votación masiva

José Llopis Hernández[*]

Las elecciones realizadas en Honduras, el 28 de noviembre del 2021, en las cuales se impuso Xiomara Castro reflejan unas lecciones fundamentales para las próximas contiendas políticas en América Latina. Si existe una noción que condensa lo que sucedió, podemos inclinarnos en poner la atención en el agravio que ha sufrido el pueblo hondureño por décadas y, con mayor fuerza, en los últimos 12 años de gobiernos conservadores, resultado del golpe de Estado del año 2009.

Algunos estudiosos han entendido que el agravio moral, ese sentimiento colectivo de injusticia, se manifiesta en diferentes momentos que posibilitan que la gente se movilice, reclame o proteste como resultado del sistemático quiebre de las reglas sociales establecidas.[1] Dicha ruptura aparece cuando un segmento (reducido o amplio) de la sociedad agencia atropellos frente a este orden social y las valoraciones contra lo que la otra mayoría considera justo o injusto, legítimo o ilegitimo. En Honduras, desde el retorno al sistema político democrático, el diseño institucional, la regulación económica y social a través de la Constitución, la estructura de partidos políticos y los gobiernos representaban la concentración de poder económico y político que existe en el país. En consecuencia, quienes manejaban el Estado continuamente institucionalizaban el agravio moral que sufría la población.

Durante la presidencia de Manuel Zelaya (2006-2009), que provenía del Partido Liberal, se impulsaron reformas que buscaban remediar las consecuencias de décadas de políticas que habían tenido como resultado el éxodo de hondureños y hondureñas; servicios públicos debilitados, una pobreza amplificada en todo el país con un campesinado empobrecido, entre otras. Todas estas medidas de contención de las políticas de orientación neoliberal chocaban con intereses económicos y políticos. Además, no se puede obviar contenido político-ideológico que tuvo estar aliado con las iniciativas de la ola progresista en América Latina. Las élites en Honduras jamás perdonaron estas acciones.  Así, el golpe de Estado de 2009 significó el paso de un gobierno que buscaba resarcir el daño a ese agravio moral ejecutado por las elites; y el retorno de las políticas neoliberales y la intensificación de las mismas, todo de la mano del Partido Nacional (conservador-derecha).

Sin embargo, en el cálculo político de estos sectores no se imaginaron que el golpe a Zelaya derivó en el surgimiento de un importante movimiento social que articuló las demandas de la población. El Frente Nacional de Resistencia Popular comenzó a aglutinar las demandas de mujeres, pueblos indígenas, campesinos, sectores populares, obreros, en otros. Este movimiento se transformó en el partido Libertad y Refundación (LIBRE) comenzando así la larga contienda político-electoral frente al Partido Nacional.

Desde el año 2010, los gobiernos conservadores bajo el Partido Nacional instalaron una dictadura que terminaron por destrozar al Estado de Honduras. Así, mediante la represión, fraudes electorales (elecciones 2013 y 2017) y el apoyo del crimen organizado, dejaron al país en una situación crítica. Esto no hubiera sido posible  sin el agravio sistemático hacia población. Los ejemplos sobran pero basta mencionar algunos: los sueldos exorbitantes de más de 100,00 lempiras (más de 4,000 dólares) para ciertos funcionarios en uno de los países más pobres de la región;[2] la compras sobrevaloradas durante todos estos años; el deterioro sistemático de la educación pública; la pésima gestión de la pandemia y del sistema de salud; el uso discrecional de los fondos públicos para ayudas sociales a cambio de votos; la privatización de recursos naturales y públicos; los aumentos de precios a los alimentos y servicios públicos; la represión para los defensores del ambiente así como los claros nexos con el crimen organizado representaron todo el arsenal de agravios que el pueblo hondureño recibió durante estos años.

Con la experiencia acumulada de dos fraudes electorales, LIBRE optó siempre por una campaña política diferente, movilizando a este sentimiento de injusticia colectivo hacia una plataforma electoral, dirigiendo sus esfuerzos a la construcción de una coalición política con un claro objetivo: una unidad de distintas fuerzas sociales y políticas para hacer frente a una maquinaria electoral basada en el clientelismo, la extorsión y la corrupción.

Mientras LIBRE y su coalición con el Partido Salvador de Honduras proponían una transformación social en base a un gobierno de unidad, los conservadores (bajo la asesoría de expertos colombianos de la derecha internacional) azuzaban los viejos fantasmas de las campañas políticas de América Latina: Venezuela, comunismo, la vida y la religión. Vale preguntarse ¿Qué campaña de miedo puede ser más fuerte que décadas de agravios cometidos contra una población como la de Honduras?

La campaña de miedo que implementó la derecha nacional e internacional tuvo una simple respuesta: una masiva votación. Así, Xiomara Castro fue electa como la presidenta más votada en la historia democrática de Honduras en un contexto de una masiva participación electoral. La respuesta a los continuos agravios, bajo la represión del Estado,  encontró su manifestación en una votación que quebró cualquier intento de fraude, con algunas similitudes al contexto del éxito electoral de Luis Arce en Bolivia. Así, los pueblos en la región han encontrado desde la década del 2000 algunas de las respuestas a los agravios cometidos contra ellos en el marco de las políticas encaminadas a colocar al mercado por encima de las poblaciones, a las élites por encima de la gente.

Las recientes elecciones en Honduras muestran que, precisamente, el descontento social se materializa de distintas maneras, pero para alcanzar el poder deben aglutinarse en una opción político-electoral, tal y como ha sucedido en América Latina. La tarea siempre es llevar el mensaje político de transformación, justicia social y democracia participativa, en un panorama desolador de continuos agravios como ocurre cuando gobiernan los partidos conservadores. Ahora, lo importante es lograr reparar el Estado, fracturado y debilitado, para que no sea un instrumento más de continuos agravios hacia los más vulnerables, sino un espacio para las grandes mayorías  y así reparar el daño que han promovido las élites a lo largo de las últimas décadas en Honduras para reproducir sus privilegios.


[*] Master en Sociología por FLACSO. Profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

[1] Ver: Moore, Barrington. 2007. La injusticia: bases sociales de la obediencia y la rebelión. México: IISUNAM

[2] https://www.elheraldo.hn/pais/752902-214/revelan-cu%C3%A1les-funcionarios-ganan-los-sueldos-m%C3%A1s-altos


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